Nuestra Espiritualidad

La esencia de nuestra vida consagrada encuentra su sentido más profundo en el Misterio de Nazaret. Esta fue la intuición teológica fundamental de nuestro Padre Fundador, y constituye el patrimonio espiritual inagotable de nuestra familia religiosa. No buscamos nuestra identidad en discursos complejos, sino en la elocuente sencillez de la Sagrada Familia, que es para nosotras el retrato perfecto de la nueva humanidad redimida.

“Vayamos a la casa de Nazaret donde están nuestros modelos y no busquemos en otra parte modelos qué imitar. Aquella Familia Nazarena fue todo eso: retrato de la nueva Humanidad redimida y santificada, pequeño granito de una enorme montaña que se llama Iglesia”. (P. José Ochoa Gutiérrez)

Buscamos formarnos en una sólida vida interior, asumiendo el esfuerzo diario por la santidad. Esto se logra permaneciendo de forma constante en la «escuela de Nazaret», a la escucha atenta de Jesús, María y José. Ellos son nuestros mayores maestros de vida y contemplación, y es a su lado donde alcanzamos la experiencia viva del misterio de Dios actuando en medio de nosotras.

Raíces en la Oración y la Eucaristía

Para sostener este llamado y responder a la amorosa predilección de Cristo, nuestra espiritualidad se alimenta de dos fuentes indispensables: la oración profunda y la centralidad de la Eucaristía. Nuestro Fundador nos advertía con firmeza que "sin Eucaristía el apostolado es humo".

Por ello, vivimos sostenidas por un auténtico espíritu de oración. Sabemos con certeza que esta comunión íntima con el Cuerpo y la Sangre de Cristo es la que nos renueva y nos otorga la fortaleza necesaria para abrazar, con amplia alegría, las exigencias de la vida comunitaria y la donación total a nuestros hermanos en los poblados humildes.

Image